domingo, 16 de junio de 2013

FELIZ DIA DEL PADRE

Idaho Noticias.- En este día especial queremos saludar a ese ser que nos dió y sigue dando tanto, sin pedir nada a cambio. Ese ser que con nuestro éxito y progreso en la vida se siente gratificado, a quien por su experiencia y sabiduría podemos recurrir a pedir consejos.
Y aquellos que no lo tienen con vida, sepan que guardan lo mejor de él, esto es las huellas de su ejemplo y amor. Padre, hoy es tu día.
Feliz Día del Padre son los deseos de Idaho Noticias. Y queremos regalarles este relato que muestra como el amor de un padre hacia su hijo perdura atravez del paso del tiempo, como el amor de este árbol hacia un niño .

-HISTORIA DEL ÁRBOL
Había una vez un árbol que amaba a un pequeño niño. Y todos los días el niño venía y recogía sus hojas para hacerse con ellas una corona y jugar al rey del bosque.
Subía por su tronco y se mecía en sus ramas y comía manzanas. Y ambos jugaban al escondite. Y, cuando estaba cansado, dormía bajo su sombra y el niño amaba al árbol… mucho.
Y el árbol era feliz. Pero el tiempo pasó. Y el niño creció. Y el árbol se quedaba a menudo solo. Pero un día, el árbol vio venir a su niño y le dijo:
- Ven niño, súbete a mi tronco y mécete en mis ramas, come mis manzanas y juega bajo mi sombra y sé feliz.
- Ya soy muy grande para trepar y jugar. Dijo él.
-Yo quiero comprar cosas y divertirme. Necesito dinero. ¿Podrías dármelo?
-Lo siento, dijo el árbol, pero yo no tengo dinero. Sólo tengo hojas y manzanas. Coge mis manzanas y véndelas en la ciudad. Así tendrás dinero y serás feliz.
Y, así, él se subió al árbol, recogió las manzanas y se las llevó. Y el árbol se sintió feliz.
Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía… y el árbol estaba triste. Y entonces, un día regresó y el árbol se agitó alegremente y le dijo:
-Ven Niño, súbete a mi tronco, mécete en mis ramas y sé feliz. Estoy muy ocupado para trepar árboles. Dijo él. Necesito una casa que me sirva de abrigo.
-Quiero una esposa y unos niños, y por eso quiero una casa. ¿Puedes tú dármela?
-Yo no tengo casa, dijo el árbol.
-El bosque es mi hogar, pero tú puedes cortar mis ramas y hacerte una casa. Entonces serás feliz.
Y así él cortó sus ramas y se las llevó para construir su casa.
Y el árbol se sintió feliz.
Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía. Y cuando regresó, el árbol estaba tan feliz que apenas pudo hablar.
-Ven, Niño.  Susurró.
-Ven y juega, Estoy muy viejo y triste para jugar, dijo él.
-Quiero un bote que me lleve lejos de aquí. ¿Puedes tú dármelo?
-Corta mi tronco y hazte un bote, dijo el árbol. Entonces podrás navegar lejos… y serás feliz.
Y así él cortó el tronco y se hizo un bote y navegó lejos.
Y el árbol se sintió feliz… pero no realmente. Y después de mucho tiempo su niño volvió nuevamente.
-Lo siento, niño. Dijo el árbol.Pero ya no tengo nada para darte, ya no me quedan manzanas.
-Mis dientes son muy débiles para comer manzanas. Le contestó.
-Ya no me quedan ramas. Dijo el árbol. Tú ya no puedes mecerte en ellas
-Estoy muy viejo para columpiarme en las ramas. Respondió él.
-Ya no tengo tronco. Dijo el árbol. Tú ya no puedes trepar.
-Estoy muy cansado para trepar. Le contestó.
-Lo siento. Se lamentó el árbol. Quisiera poder darte algo… pero ya no me queda nada. Soy solo un viejo tocón. Lo siento…
-Yo no necesito mucho ahora. Contestó él. Solo un lugar tranquilo para reposar. Estoy muy cansado.
-Bien. Dijo el árbol reanimándose. Un viejo tocón es bueno para sentarse y descansar.
-Ven, niño, siéntate, siéntate y descansa.
Y él se sentó… y el árbol fue feliz.

El árbol generoso Caracas, Litexas Venezolana, 1997

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